domingo, 22 de marzo de 2026

LA PUERTA (de salida) DEL CANTE

El cante evoluciona día a día con las pequeñísimas aportaciones de l@s cantaor@s que menos se lo proponen y que pasan desapercibidas para todos nosotros en el momento en que se producen. Así ha venido siendo a lo largo de la historia según vamos descubriendo, porque sólo somos conscientes de un paso evolutivo real en el cante cuando este se ha asentado, lleva años entre nosotros y lo hemos asimilado sin darnos cuenta. Lo demás, incluyendo Nuevo DíaLa Leyenda del Tiempo y Omega, son experimentos forzados que terminan diluyéndose sin que los críticos tengan que escribir una línea en contra. Es el propio cante quien descarta estas propuestas comerciales por más que insistan en ellas -y llevan décadas- los periodistas del pop que juegan en los suplementos dominicales a analistas de Flamenco, sin conocer lo que suena a día de hoy en la garganta de l@s flamenc@s que cantan Flamenco. No les interesa.

¿Y por qué lo hacen? Porque en el gran espectro musical del pop hay un espacio que el pop necesita que ocupe el Flamenco entre otros géneros vernáculos o incluso la electrónica culta, para abastecerse musical y socialmente. Ahí pueden encontrar los díscolos el legado de 
Nuevo Día, La Leyenda y de Omega. Pero también para ganar credibilidad cultural. Quieren Flamenco porque da categoría, pero una cosita ligera que no canse y sea de fácil digestión. No hace falta que diga que este es el espacio más deseado por la juventud del Flamenco de hoy, la que tampoco tiene muy claro que le guste el cante como para quedarse toda la vida en él -aportando-, y que ven en ese segmento un crecimiento exponencial en lo económico y en popularidad a muy corto plazo. Yo lo llamo "la huida".

 




El modus operandi es repetidamente el mismo y comienza cuando la artista joven (porque casi siempre es ella) está despuntando con buenas maneras en el sector, haciendo el cante de toda la vida. El aburrido. Entonces provocan un cambio radical en su imagen en redes, se ponen el chándal Adidas, se agarran a los filtros fotográficos y empiezan a cantar como sin ganas. A lo Rosalía, que fue pop desde el minuto uno. Son teenagers y valientes pero desconocen que el pop system es muchísimo más complejo y volátil que el flamenco world. Hay tras el añorado contrato con Universal más Bernardos e insufribles presidentes de federaciones de lo que imaginan. Y como nada es gratis, se estrellan contra mucha más exigencia. Sobre todo por parte de quienes invierten mucha pasta en su sueño pop y quieren ganancias en poco tiempo. Por lo que a la vuelta de unos años te l@s ves de nuevo en una peña con el gesto contrariado, mientras hacen la Soleá de La Serneta modelo Mairena de siempre y alguien con muy mala leche le recuerdan aquella vez que fueron portada de Telva. Vuelta a la casilla de salida, con unos años más y el fracaso en la frente. 

Lleva pasando demasiado tiempo como para seguir cometiendo el mismo error que han visto en otr@s, pero caen. Siempre. Quizá porque saben que el público del Flamenco lo perdona todo. Mientras, l@s jóvenes que se quedan en el tajo del cante -que los hay- y tienen un futuro prometedor y comprometido con el género, tragan saliva viendo como todos los focos van para quienes huyen hacia esa evolución de mentira. De chichas y nabos, que decía Menese. Porque, para colmo, los mismos medios de comunicación exclusivamente flamencos -los pocos que hay-, no pierden la oportunidad de hacer publicidad a quienes se van... y no a quienes se quedan.

Sigo haciéndome las preguntas de siempre: ¿Cuándo tendrá el Flamenco su propia industria para que esto deje de pasar? ¿Harán algo desde el IAF para conseguirlo? ¿Daremos con la terapia para acabar con el complejo de inferioridad de l@s flamenc@s?