El
cante evoluciona día a día con las pequeñísimas aportaciones de l@s
cantaor@s que menos se lo proponen y que pasan desapercibidas para todos
nosotros en el momento en que se producen. Así ha venido siendo a lo largo
de la historia según vamos descubriendo, porque sólo somos conscientes
de un paso evolutivo real en el cante cuando este se ha asentado, lleva
años entre nosotros y lo hemos asimilado sin darnos cuenta. Lo demás,
incluyendo Nuevo Día, La Leyenda del Tiempo y Omega, son experimentos forzados que
terminan diluyéndose sin que los críticos tengan que escribir una línea
en contra. Es el propio cante quien descarta estas propuestas
comerciales por más que insistan en ellas -y llevan décadas- los
periodistas del pop que juegan en los suplementos dominicales a
analistas de Flamenco, sin conocer lo que suena a día de hoy en la
garganta de l@s flamenc@s que cantan Flamenco. No les interesa.
¿Y
por qué lo hacen? Porque en el gran espectro musical del pop hay un
espacio que el pop necesita que ocupe el Flamenco entre otros géneros
vernáculos o incluso la electrónica culta, para abastecerse musical y
socialmente. Ahí pueden encontrar los díscolos el legado de Nuevo Día, La Leyenda y
de Omega. Pero también para ganar credibilidad cultural. Quieren Flamenco porque da categoría, pero una cosita ligera que no canse y sea
de fácil digestión. No hace falta que diga que este es el espacio más
deseado por la juventud del Flamenco de hoy, la que tampoco tiene muy
claro que le guste el cante como para quedarse toda la vida en él -aportando-, y que ven en ese segmento un crecimiento exponencial en lo
económico y en popularidad a muy corto plazo. Yo lo llamo "la huida".
Lleva pasando demasiado tiempo como para seguir cometiendo el mismo error que han visto en otr@s, pero caen. Siempre. Quizá porque saben que el público del Flamenco lo perdona todo. Mientras, l@s jóvenes que se quedan en el tajo del cante -que los hay- y tienen un futuro prometedor y comprometido con el género, tragan saliva viendo como todos los focos van para quienes huyen hacia esa evolución de mentira. De chichas y nabos, que decía Menese. Porque, para colmo, los mismos medios de comunicación exclusivamente flamencos -los pocos que hay-, no pierden la oportunidad de hacer publicidad a quienes se van... y no a quienes se quedan.
Sigo haciéndome las preguntas de siempre: ¿Cuándo tendrá el Flamenco su propia industria para que esto deje de pasar? ¿Harán algo desde el IAF para conseguirlo? ¿Daremos con la terapia para acabar con el complejo de inferioridad de l@s flamenc@s?

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